Estabas como de costumbre sentada en una rama,
el árbol naranja parecía un manzano. Comías peras
Sentada en una rama mordías en el aire un fruto ajeno.
Sonreías, tus ojos llenos de azúcar negra mordían el aire para no dejarlo ir
Bailabas y te sarandiabas en la rama
No contabas con la altura ni con la flojedad de tu piso.
Así que mientras caías bailabas tragándote el último pedazo de pera, estabas feliz.
Prontamente despertaste en el suelo en tierra fresca
me hablabas pero ya no te escuchaba
tus ojos azúcar negra parecían enmudecer.

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