Las noches que pasamos en el lugar fueron incomodas, sucias sin esas sabanas gloriosas que hacían volar las patas del somiers.
Cuando amanecimos quisimos hundirnos en la Tv que no había, lo único que teníamos era un espejo de tu bisabuela y así pasaba un segundo atrás del otro, pesados como un reloj de arena.
Gotas de calor, agua contaminada, un viento que no había y al final del pasillo; nosotras fundiéndonos en lo abstracto en el futuro que siempre resultaba incompleto. Faltaban dos partes un pasado y tu mano para dibujarlo y las mías para darle los tonos.
¿Qué fue de ese lugar humedo?. Un día nos levantamos mas incomodas que de costumbre, las sabanas esta vez parecían de su color verdadero, la mugre pegada al piso y el olor a tabaco seguía con aureolas putrefacto en el ambiente, entre los roces de la persiana entraban minúsculas gotas de luz.
El espejo de tu bisabuela había desparecido,
cada vez mas translúcida ibas desapareciendo esa mañana, primero tus manos, tu torso y finalmente tu pelo. Luego vos misma no te veías en el espejo ese que odiábamos, ese que ya no estaba.
Al día siguiente con las persianas altas pude ver, amanecía sin tos, sin mucha de esa lástima propia.
Es así que descubrí que te fuiste.

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