Hace algunos años,
trabaje en una librería, rara llena pero repleta de libros
esto parece una obviedad pero el que la conoció puede afirmar que sorprende.
Ahí en Jean Jaures y Sarmiento, cuando la zona todavía no estaba explotada por el Konex que esta a la vuelta.
Cuando empeze ya trabajaba una mujer unos años mayor , de la cual aprendí mucho
una de esas viejas libreras que te hablan y te dejan la boca abierta por todo lo que saben.
Para ser buen librero no solo hay que saberse los títulos y sus respectivos autores hay que tener historias.
Ella me contó que era amiga de un tal David Viñas, era bastante chica en ese entonces no tenia idea de quién era. Hasta que lo empecé a leer, y supe de su vida, su militancia , que había conocido a Sartre, y a tantos otros.
Que fue exiliado, que rechazo un premio importante internacional , pero que lo hizo en honor a sus hijos desaparecidos por la genocida dictadura.
Un día yo estaba sola, en la inmensidad de los libros, tomando mate leyendo un libro sobre la Historia de la anestesia, un libro que todavía sigo buscando por que lo vendí con todo el dolor, vaya la redundancia.
Estaba concentrada. La mujer librera no vino ese día, suena la chicharra , eso avisaba que alguien estaba entrando. Cuando levanto la vista ,
allí estaba David Viñas, me puse nerviosa, lo salude, tenia los bigotes blancos y manchados no se si por los años o la nicotina.
Me pregunto por su amiga librera , yo le dije que no estaba, para ese momento se estaba sentado en la silla, y había apoyado su gran agenda en el escritorio, le pregunte si quería café, me dijo sì.
Mientras lo tomaba un silencio nos cubrió y los libros tuve la sensación que lo miraban al igual que yo.
menos el libro de la anestesia que estaba celoso por que esta vez no era protagonista de la mañana.
Termino el café y me dijo :
bueno decile que pase, que me llame, me saludo
se levanto y mientras salìa
la chicharra zono de vuelta
se iba
el hombre que ayer nos dejo sin anestesia
trabaje en una librería, rara llena pero repleta de libros
esto parece una obviedad pero el que la conoció puede afirmar que sorprende.
Ahí en Jean Jaures y Sarmiento, cuando la zona todavía no estaba explotada por el Konex que esta a la vuelta.
Cuando empeze ya trabajaba una mujer unos años mayor , de la cual aprendí mucho
una de esas viejas libreras que te hablan y te dejan la boca abierta por todo lo que saben.
Para ser buen librero no solo hay que saberse los títulos y sus respectivos autores hay que tener historias.
Ella me contó que era amiga de un tal David Viñas, era bastante chica en ese entonces no tenia idea de quién era. Hasta que lo empecé a leer, y supe de su vida, su militancia , que había conocido a Sartre, y a tantos otros.
Que fue exiliado, que rechazo un premio importante internacional , pero que lo hizo en honor a sus hijos desaparecidos por la genocida dictadura.
Un día yo estaba sola, en la inmensidad de los libros, tomando mate leyendo un libro sobre la Historia de la anestesia, un libro que todavía sigo buscando por que lo vendí con todo el dolor, vaya la redundancia.
Estaba concentrada. La mujer librera no vino ese día, suena la chicharra , eso avisaba que alguien estaba entrando. Cuando levanto la vista ,
allí estaba David Viñas, me puse nerviosa, lo salude, tenia los bigotes blancos y manchados no se si por los años o la nicotina.
Me pregunto por su amiga librera , yo le dije que no estaba, para ese momento se estaba sentado en la silla, y había apoyado su gran agenda en el escritorio, le pregunte si quería café, me dijo sì.
Mientras lo tomaba un silencio nos cubrió y los libros tuve la sensación que lo miraban al igual que yo.
menos el libro de la anestesia que estaba celoso por que esta vez no era protagonista de la mañana.
Termino el café y me dijo :
bueno decile que pase, que me llame, me saludo
se levanto y mientras salìa
la chicharra zono de vuelta
se iba
el hombre que ayer nos dejo sin anestesia

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