El tenue claro estaba humedecido, me levante tiritando de frió.
Las costas estaban secas, tenían el color del calamar.
La mirada audaz de las mujeres y hombres se despabilaron.
Nadie habitaba las costas a causa del capullo oceánico que hacia estrellar matinal mente las olas .Esas olas carcelarias que golpeaban sin cesar la frente.
Luego las miradas desafiantes clamaban silencio. Por que el silencio no viene del mar ni tampoco de es otra hormona del ser humano, es algo expuesto por la noche por el día por algo que viene detrás nuestras causas comunes que aún no conocemos.

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